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domingo, 7 de julio de 2013

Aquella mañana

Aquella mañana me levanté algo cansado y ya empezaba a ser rutina. 

Bajé las escaleras, me preparé un café sin hacer ruido para que no se levantara nadie en casa. Me apetecía tomarme un café descalzo, conmigo mismo y nadie más, sentir el frescor de una mañana de verano, laborable y de verano. 

Esa mañana quería disfrutar del café, mirar hacia el cielo, tener que entornar los ojos para no deslumbrarme con la luz del día y poder esbozar una sonrisa antes de resoplar al mirar mi agenda.
Me sentía en gratitud con el universo. La noche anterior no me había quedado hasta tarde leyendo emails atrasados. No quería fastidiarla. Quería disfrutar de ese café y dar las gracias porque esa mañana, yo había decidido cambiar mi vida. Esa mañana yo declaré que daba mi primer paso hacia el cambio, lo daba descalzo. Confiando en el proceso y descalzo.

Hacía tiempo que mis Amigos me decían si eso que hacía a diario valía la pena. Aquellos amigos que no me querían de la misma forma, me decían:"...Sigue empujando, estás a punto de conseguirlo". Yo me debatía cada mañana entre seguir empujando y rendirme. Y esa lucha me dejaba exhausto cada mañana. Agotado cada mañana después de descansar toda una noche. Tenía gracia empezar así un nuevo día, con la vieja energía en la mochila.
¿Alguna vez has sentido que no merece la pena seguir luchando? Yo sí, muchas veces. Y después de sentirlo, seguía empujando.

Lo que toca_@b_crespo


Esa mañana no era igual. Esa mañana me sentía con fuerzas para rendirme. Tenía fuerzas y también miedo, mucho miedo. Sentía que a partir de ese momento, nada iba a ser igual. Y posiblemente no fuera un camino de rosas y tenía claro que me iba a adentrar en esa nueva aventura. Después de todo, mi principal temor era perder la comodidad de la certidumbre, pero quién dice que fuera cómoda esa certeza diaria de acabar el día agotado.

"Hoy empiezo mi cambio" -me dije pausando cada palabra y sintiendo cada acento en lo más profundo de mi alma. Aquella frase la sigo recordando hoy mismo de forma tan vívida como el frescor de aquella mañana de verano, laborable y de verano. Incluso el sabor de aquel café con leche me acaricia el paladar ahora mismo. Puedo sentir la madera bajo mis pies descalzos. 

Al principio todo fue igual, y en cierto modo notaba que algo había cambiado. La misma ducha, el mismo afeitado, la misma rutina de abrir el armario. Quizás nunca había sido igual y sólo aquella mañana yo sabía verlo distinto...




Quantum Markethink - El blog de Bernardo Crespo, Actualizado en: 11:29 p. m.